lunes, 2 de noviembre de 2015

El triunfo electoral de Erdogan empuja la radicalización de las luchas

En las elecciones legislativas de junio, el partido oficialista de Turquía -el AKP del presidente derechista Erdogan- perdió por primera vez desde su llegada al poder, en 2002, la mayoría absoluta que tenía en la cámara.

La razón de esto fue la excelente elección lograda por el Partido de la Democracia y el Pueblo, el izquierdista HDP, que triunfó en las regiones kurdas del sudeste y obtuvo un poco más del 13% en el conjunto del país y una bancada de 80 legisladores.

Al perder la mayoría, el AKP se vio obligado a constituir un gobierno de coalición, uniéndose con alguna de las fuerzas que ingresaron al congreso: el Partido Republicano del Pueblo (CHP), el Partido de Acción Nacionalista (MHP), de extrema derecha, o el HDP.

Pero Erdogan boicoteó esta posibilidad e impuso el adelantamiento de nuevos comicios para este domingo 1 de noviembre. Al mismo tiempo desató una feroz represión contra las localidades kurdas del sudeste y la guerrilla de esta etnia en las montañas de Kandil en la frontera con Irak.

El objetivo de los ataques, que incluyeron allanamientos y procesos contra periodistas opositores e intervención militar en el noroeste de la frontera con Siria -Rojava-, consistió en hacer responsables de la violencia desatada al pueblo kurdo y su partido, el HDP.

De esa manera y apelando al sentimiento “nacionalista” turco, Erdogan se propuso polarizar al electorado, restándoles los votos necesarios para recuperar la mayoría, tanto al ultraderechista MHP como al partido pro kurdo HDP.

Finalmente, el oficialismo logró recuperar la mayoría, obteniendo cerca del 50% de los votos, que emigraron de esos partidos, ya que el MHP perdió cerca del 5% y el HDP más o menos un 3% de lo que había logrado en junio.

Erdogan y los suyos lograron un triunfo político, porque gobernarán sin necesidad de consensuar una coalición y tendrán cierto plafond para profundizar sus ataques contra el pueblo kurdo, los trabajadores y sectores oprimidos del conjunto del país.

Sin embargo, esta puede ser una “victoria a lo Pirro”, radicalizando las luchas movimiento de masas, que para conquistar la democratización del país sacará la conclusión de que tendrá que derrotar al gobierno y acabar con el actual régimen reaccionario.

Un sector de la izquierda kurda tenía la ilusión de que mediante avances graduales en las elecciones, el desarrollo y la popularización del HDP entre los turcos, se podría minar las fuerzas de la reacción. La realidad acaba de demostrar que esta perspectiva “reformista” no era más que una utopía.

Solo con la movilización, la construcción desde las bases de la huelga general, el desarrollo de las asambleas y milicias de autodefensa -como las que están desarrollando los kurdos de Rojava y el sudeste turco- se podrá conquistar definitivamente la paz, la democracia y la justicia social.

Solo así y en unidad con los pueblos de Medio Oriente se expulsará al enemigo poderoso que sostiene a todos los gobiernos reaccionarios de la región -el imperialismo- avanzando hacia la única salida progresiva, la Federación de Estados Socialistas de Medio Oriente. 

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